Y tú…¿Comes emocionalmente?

 

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Todos hemos pasado por esto en algún momento.

Nos sentimos ansiosos o estresados y recurrimos a ciertas comidas para encontrar algo de alivio o tranquilidad. O por el contrario nos sentimos exaltados o felices y pensamos en la comida para celebrar o premiar nuestros logros.

Si bien estas situaciones pueden ser comunes, distan mucho de ser adecuadas, y acostumbrarse a ellas es un factor clave en problemas de sobrepeso y en el desarrollo de desórdenes alimenticios.

¿Es realmente falta de control de nuestra parte? Si fuera así tal vez con un régimen ‘disciplinario o dietético’ encontraríamos solución pero ya sabemos que no es así. El comer emocionalmente está ligado justamente a nuestras emociones y las emociones no pueden simplemente desaparecer así que el verdadero problema radica en la intensidad con la cual se presentan y nuestra reacción o respuesta física a estas.

Desde que nacemos desarrollamos una relación emocional con la comida: cuando bebés, llorábamos de hambre y nuestras mamás nos daban de lactar, eso nos satisfacía y brindaba tranquilidad al mismo tiempo. Luego en nuestro etapa infantil ¿Quién no recuerda cuando nos premiaban con dulces o un helado? Empezamos a ver la comida como un premio. Y las fiestas o celebraciones familiares? Llenas de comidas coloridas, con mucha azúcar y sal, consumidas en momentos de alegría por la celebración en sí, formando una inadecuada e irreal relación comida-felicidad, fuera de sus objetivos primordiales de unión social y comunicación interpersonal.

En nuestra etapa adolescente y adulta empezaron las presiones sociales, las responsabilidades laborales y financieras, es decir: el estrés de la vida diaria. Y empezamos a ver la comida como un alivio a esos picos de ansiedad, de manera subconsciente y casi involuntaria, ya que recordemos que fuimos ‘formados’ creyendo en la comida como un recurso para ‘sentirnos’ bien. Empezamos a interpretar a la comida como remedio para nuestras tristezas o preocupaciones, el comer se convirtió en ese momento para sentirnos mejor después de un mal día en el colegio o en el trabajo, el estrés familiar o llenar el vacío de una inexistente o fallida relación amorosa.

El estrés, el aburrimiento, la soledad, la ansiedad y la depresión generan un comer emocional sumamente negativo, aún más cuando las comidas a las que siempre acudimos son productos alimenticios normalmente llenos de azúcares procesados y grasas saturadas(cuyo exceso repercute directamente en nuestra buena salud). Esto no es casualidad, es una causalidad ya que estos tipos de alimentos generan un placer temporal en nuestros cerebros (similar al producido por algunas drogas) lo que facilita la dependencia y posible adicción a ellos. Pero además son las comidas que más tenemos a nuestro alcance ya que las podemos encontrar en todas las direcciones que veamos: anuncios publicitarios, nuestra alacena, una farmacia o un supermercado.

El ambiente en que nos desenvolvemos nos bombardea de seudo-alimentos coloridos, llenos de sabores industrializados y otros aditivos preparados especialmente para que no podamos dejar de comerlos, creando una suerte de insatisfacción minutos después de ser consumidos, lo que provoca volver a hacerlo, creando un círculo vicioso de excesos y malnutrición.

Siendo así, está claro que debemos aprender a dejar de comer emocionalmente ya que este es uno de nuestros peores enemigos al momento de perder peso y sobre todo, de cuidar nuestra salud.

Primero debemos aprender a diferenciar el hambre físico del mental o emocional:

El hambre físico se presenta gradualmente, lentamente, incluso nos avisa con señales físicas (un poco de debilidad o nuestros estómagos suenan…) que debemos alimentarnos pronto. Y cuando finalmente comemos, lo hacemos hasta sentirnos satisfechos.

El hambre emocional en cambio llega de repente, como consecuencia de un momento de estrés, ansiedad o aburrimiento. Como ya sabemos, nos hace acudir a comidas altas en azúcares y grasas. Cuando comemos lo hacemos hasta sentirnos llenos-hastiados provocando una satisfacción que se disipa rápidamente y nos hace tener más deseos por la misma comida o por algo parecido.

Adicionalmente, nuestro comer inadecuado e innecesario puede venir de la influencia visual y la cercanía de estos tipos de alimentos. ¿Cuántas veces han estado en una fila para pagar en un supermercado o farmacia y han comprado esos dulces de los exhibidores tan inteligentemente colocados al pie de las cajas? O cuando sientes ansiedad en casa, y abres la alacena o la refrigeradora, que encuentras? Seguramente galletas, dulces, y bebidas azucaradas. A veces sólo depende de lo que tenemos cerca. El horario también influye, es en las noches cuando más se cae en este terrible hábito, ya que nos sentimos abrumados por el día que pasó o estamos aburridos y acompañamos de comida nuestras distracciones visuales o digitales (la televisión y el internet). Incluso el cansancio lo interpretamos como ‘hambre’ y en vez de ir a dormir y descansar (que es lo que realmente tu cuerpo te está pidiendo), decidimos comer todo lo que encontramos en la cocina…

El hecho es que el hambre emocional NUNCA se sacia. Nos hace comer sin parar y sin pensar realmente por qué lo estamos haciendo , ocasionando un exceso de calorías, sobrepeso y futuras enfermedades crónicas.

Entonces para la siguiente ocasión que tengas ‘hambre’ te pido que prepares de antemano un cuaderno pequeño o diario y escribas las siguientes preguntas:

¿Siento hambre física?

¿Cómo me siento en este momento? (feliz, cansado, triste, deprimido, ansioso, estresado, enojado, nervioso?)

¿Por qué quiero comer esto?

¿Hace cuantas horas comí por última vez?

Una vez que respondas esas preguntas, toma unos minutos para pensar si en realidad necesitas lo que vas a comer, o si lo vas a hacer sólo para llenar el vacío que sientes o para aliviar ese posible momento de estrés o ansiedad.

Escribe y describe lo que sientes en el mismo diario.

Esto te va a permitir identificar las razones de tu comportamiento y te hará más consciente de qué tipo de comida vas a comer pero sobre todo por qué.

Es el primer paso para una alimentación intuitiva y consciente. Una alimentación que cumplirá su rol de nutrirte, darte energía y hacerte sentir satisfecho. Una alimentación que te hará sentir bien y  no culpable.

En el siguiente post sobre este tema voy a enseñarte maneras adicionales de superar el hambre emocional y así tener más herramientas para una pérdida de peso exitosa.

Hasta la próxima.

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